martes, 1 de noviembre de 2011

José de Espronceda


José de Espronceda nació en 1808 en Almendralejo (Badajoz). Desde muy joven combatió contra el absolutismo, motivo por el que vivió exiliado hasta 1833. Tras volver a España, continuó su actividad literaria y política hasta su muerte en 1842.

En la obra de Espronceda destacan las canciones y dos extensos poemas narrativos: El diablo mundo, donde plantea temas de carácter filosófico, y El estudiante de Salamanca. en el que recrea el mito de don Juan.

Las canciones: Espronceda escribe varias canciones en las que retrata tipos marginales, que simbolizan la rebeldía y la libertad: el mendigo, el verdugo, el cosaco, el reo de muerte... Sobresale la Canción del pirata, uno de los poemas más representativos del Romanticismo.

Pues he aquí, el poema que, al menos, hasta día de hoy, es mi preferido: La canción del pirata, de un poeta romántico: José de Espronceda. Un gran poema, que Tierra Santa cogió e hizo la canción. Aunque cambió unos pocos versos de sitio, sigue siendo una gran canción.




Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de “¡barco viene!”
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

1 comentario:

Tot Barcelona dijo...

prefiero uno suyo titulado " la desesperación"...salut